Con motivo de las fiestas navideñas cuando la Hallaca es la estrella de nuestras mesas, he querido incluir en esta entrega algunos comentarios que contienen algunas de mis opiniones sobre este plato, el más importante de nuestra cocina y, quizás, nuestra tradición más preciada
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- A.S.


LA HALLACA
Armando Scannone

Más que una simple tradición, para nosotros, los venezolanos, la hallaca es algo más trascendente, es un símbolo de identificación colectiva que nos solidariza a todos. Es un sentimiento, un valor de venezolanidad que tiene su máxima expresión cada Diciembre, especialmente en la Navidad y en el Año Nuevo.

Si bien la hallaca nos hace sentir íntegramente venezolanos donde nos encontremos, como paladeando a Venezuela, como un símbolo patrio más, nos trasmite identidad colectiva sin que claudiquemos a nuestra identidad personal o familiar, lo que está sintetizado en una frase: "la mejor hallaca es la de mi mamá", frase con la cual, curiosamente, volvemos a la unanimidad con una diferenciación que para todos es la misma, una forma de reconciliación dentro de la diversidad.
En lo que si no hay acuerdo es en cuanto a su origen. Su nombre proviene de "ayaca", voz timoto-cuica de las tribus que habitaban la región centro-occidental del País, con la cual designaban unos paquetes rudimentarios, de masa de maíz, quizás el antecesor de la hallaquita, lo que afirma el origen del nombre en nuestro territorio.

Sin embargo la hallaca como plato, tal como la conocemos hoy, no aparece muy temprano en nuestro repertorio gastronómico, pues la primera referencia como tal de la que se tenga noticia es a fines del siglo XVIII en un archivo del Convento de las Monjas de la Concepción en Caracas (**), lo que nos lleva a pensar que no sea aborigen, siquiera rudimentariamente, aún cuando si autóctona, posiblemente caraqueña, también que no sea un tamal o derivada directamente del tamal aunque pueda parecérsele.
Podríamos además pensar que la hallaca por su complejidad, refinamiento, maestría gastronómica en su concepción gastronómica y en su ejecución, no es un producto de la casualidad y que surge cuando comienza a afianzarse el concepto de territorialidad en el siglo XVIII; que no es un producto casual del reacomodo de sobrantes por esclavos, que si bien debían ser bien alimentados como fuerza de trabajo que eran, no podía ser con alimentos costosos y que podían y pueden ser utilizados para otras preparaciones, convirtiendo a sus amos en sus servidores. Por el contrario, la hallaca debe ser el resultado de un proceso costoso de perfeccionamiento y de refinamiento constantes, guardando cierta relación, por el uso del maíz, con un bollo de masa de maíz, pero mucho más, en concepto, con el pastel, conocido desde mucho tiempo atrás por los españoles y europeos en general (*), también los andaluces, especialmente, conocían además por siglos, la "bastela" o "bastila", pastel constituido por un guiso hecho generalmente a base de carne de paloma, con almendras, pasas, y otros adornos y muy condimentado con canela, azafrán, azúcar, pimienta, etc. cubierto con una pasta a base de harina (pasta phylo), plato andalusí, de Al Ándalus o España Musulmana, hoy día usual en el norte de África, que fue plenamente vigente en la España musulmana por siglos y aún cuando el Descubrimiento de América y, sin duda, en cuanto a costumbres, por más tiempo. Es bueno aclarar, que en concepto no tratamos, por todo lo dicho antes, de identificar la hallaca con la bastela o bastila, sino con el pastel, del cual la bastela o bastila es un ejemplo.

Sea como sea, la hallaca es definitivamente un plato mestizo, Del indio la masa de maíz y el conocimiento de que se endurece al hervirla lo que le permite contener el relleno, quizás, como consecuencia, la manera de envolverla en hojas vegetales y la utilización del onoto como colorante para hacer más atractiva la masa. Del negro algo muy importante, su sabor multisápido y aroma exuberante. Del español todos los demás ingredientes y el concepto básico del pastel, proceso culinario, como hemos dicho, bien conocido por los españoles, con acento árabe incluso, quienes podrían haber ideado y dirigido el proceso de mestizaje.

Creo que la hallaca encierra la síntesis del cosmopolitismo típico de nuestra comida, que lo es también del venezolano, que absorbe, utiliza y transforma fácilmente todo cuanto le gusta o le interesa.

(*) La palabra "gateau", pastel en español, que designa una preparación a base de harina, mantequilla y huevos, con o sin relleno, aparece en la lengua francesa en el siglo XII, probablemente derivada de "gastel, "wastel" o "wastil" que significan "alimento" del "francique", lengua de los antiguos francos.

(**) Dr. J.R. Lovera




   
   

BORTSCH
Probablemente la sopa rusa más conocida y quizás la mejor y más substanciosa de todas. Algunos ubican su origen en Ucrania, pero es común en toda Rusia, Polonia y todos los países eslavos. Es hecha a base de remolachas y repollo, razón por la cual es de color rojo-morado obscuro, aunque puede llegar a tener muchos ingredientes e incluso existe el borchst verde en el cual se usa espinaca y acedera en su confección. Nuestra versión corresponde aproximadamente al borchst moscovita, quizás del denominado "borchst al gusto del zar", que tiene también tomate, cebolla y carne de pecho y huesos, pues puede incluso ser sólo un caldo de carne con vegetales. Algunos le agregan pato, salchichas, etc. En Rusia cada uno le agrega en su plato crema agria, "smetana" en ruso, muy utilizada en la mesa rusa y, a veces, la acompañan con "PIROZHKI", especie de pastelitos o empanaditas, que además se sirven como hors d´oeuvres y que se rellenan con rellenos muy variados, carne molida, hongos, repollo, almendras etc. y aún con frutas. En nuestra versión los hemos hecho con pasta phylo, más delicados y fáciles de hacer, rellenos de champiñones.

COULIBIAC
Es un pastel ruso de salmón cubierto con masa de harina de trigo, generalmente pasta brioche u hojaldre, "feuilleté" en francés. El típico coulibiac es relleno en capas de "vesiga", hongos, rodajas de huevos duros y salmón cocido y en trozos pequeños. La vesiga o médula espinal del esturión es difícil de conseguir fuera de Rusia donde se puede comprar seca y quizás en París y New York, por eso en general se reemplaza con fideos chinos o arroz. En general se hace en forma de pan. Nuestra versión, por facilidad, la hemos hecho en molde rectangular para tortas (ponqué, bizcochuelo) y no en capas, sino mezclando los ingredientes del relleno, es excelente y de bella presentación. Para servirlo se corta en tajadas de 1 a 2 centímetros de espesor, sosteniendo la tajada con una espátula mientras se corta para que no se derrame el relleno, en cuya preparación también por eso hemos utilizado un poquito de harina para hacerlo más consistente a falta de la vesiga. Se acompaña en la mesa con mantequilla derretida y clarificada caliente.


A.S


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