A pesar de su difusión por todo el mundo a través de restoranes que ofrecen comida italiana, esparcidos por todo el planeta, un italiano difícilmente aceptaría que hay UNA cocina italiana. Para ellos cada región, cada pueblo y aún cada casa , aún muy cercanos tiene su propia cocina. Cuando les hablamos entusiasmados de su especialidad mas representativa: la pasta, nos responden que tienen muchas cosas mas que pasta. De eso no hay duda y tienen razón, además, los restoranes de comida italiana apenas nos ofrecen una muestra del inmenso repertorio de la cocina de italia, debido primeramente a las grandes diferencias en la geografía y climas de Italia, que permite el desarrollo de muy diferentes cultivos y la crianza de una gran variedad de animales domésticos, así como de productos naturales y de caza muy diversos.

Mientras en el Norte la mantequilla y la crema son ampliamente utilizados, en el Sur se prefiere el aceite de oliva. Asimismo en el Norte se producen quesos de leche de vaca, en el Sur de leche de oveja y de cabra. En el Norte han perfeccionado el uso del arroz y de la polenta de maíz, en el Sur son más aficionados a la pasta, etc.

En lo que si todos están de acuerdo es en disfrutar plenamente el placer de comer, el arte de comer bien y sabroso como parte del arte de buen vivir. Ya que tienen productos extraordinarios, los aprecian a través de una comida sencilla sin muchos rebuscamientos, pero si con extrema exigencia, para lograr una comida casera, saludable y substanciosa, que puede ser una gran cocina y así llevarla al restorán atendiendo más que a reglas establecidas a la imaginación de cada uno.

Ciertamente, si aceptamos que se puede hablar de diversas cocinas en Italia, al mismo tiempo sentimos que todas tienen algunas características comunes en cuanto a ingredientes y condimentos, modo de preparación, sazón y manera de servirlas, que hacen que se sienta claramente en sus comidas, y en un restorán italiano, el “sabor italiano”.

Cuando se habla de cocina italiana hay que referirse de manera particular, al menos someramente, a algunos platos, ingredientes o productos que por su excelencia han traspasado sus fronteras y hoy son conocidos y populares en todo el mundo. En esta ocasión apenas enumeraremos algunos de ellos, prefiriendo referirnos en particular a cada uno en otras oportunidades.

En primer lugar la pasta, la pizza y el risotto. Los tres tienen una característica común: en ellos el ingrediente principal sirve de vehículo a otros ingredientes tan variados que se puede decir que son excelentes con cualquier cosa que se les agregue.


En el primer caso la pasta propiamente, fresca o seca, larga o
corta, agujereada o no, con o sin huevo, pero siempre cocinada “al dente” pero que se pueda comer con tenedor y con la cantidad exacta de salsa para que esté cubierta sin estar empegostada o sumergida en ella; en la pizza, hoy símbolo de la cocina rápida y para llevar, una simple masa para pan en forma de torta delgadísima y crujiente; en el risotto, el arroz oryza sativa japónica, de grano redondeado, en vez del oryza sativa indica, de grano alargado, el mas utilizado en Occidente. Arroz que permite claramente un risotto “mantecato”, cremoso; unido como un todo, “legato”; que al servirlo se extienda suavemente sobre el plato, “all´onda”, pero sin ser aguado, para comer con tenedor. Tres platos que siempre gustan, satisfacen el apetito y caen bien en cualquier momento. También la polenta, de maíz después del Descubrimiento de América, antes de diversos granos., tan popular en el Norte que los italianos del Sur llamaban burlonamente “polentoni” a los del Norte y estos les respondían ”mangia-maccheroni”. Es también un plato suculento y sabroso, económico y fácil de gustar, que también acepta las salsas mas variadas.

Sobre los antipastos: de presencia obligada en la carta de cualquier restorán italiano para comenzar una comida y saciar un poco el hambre del comensal mientras llegan platos mas importantes o consistentes. En Italia su variedad es increíble, de todas clases y de diversos ingredientes.

Los quesos, el parmesano reggiano, que no puede faltar en ninguna casa ni restorán, la mozzarella de búfala, el gorgonzola, el pecorino y muchos otros. Los jamones, “prosciutto”, de Parma, San Daniele; los embutidos, “salumi”, innumerables: “lardo, coppa, bresaola, speck, sopressata, salame”, hongos especialmente el “porcini”, las trufas blancas, delicadeza solo comparable al caviar y al foie-gras, el aceite de oliva, el mejor según los propios italianos, el vinagre balsámico, la extraordinaria especialidad de Modena, recientemente descubierto por Occidente, etc., además de excelentes y peculiares vinos y grapas, el Campari, etc., sin olvidar ese maravilloso pan campesino que se ha difundido por el mundo como pan italiano. Los italianos son, además, los bebedores más exigentes del café expreso y hacen extraordinarios helados. Italia tiene excelentes vegetales y quizás la mejor ternera del mundo, así como una gran variedad de sopas substanciosas: minestrone, pasta e fagioli, minestra di trippa, etc. y algunos dulces mundialmente conocidos: tiramisú, zabaióne, etc.


Armando Scannone

 

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