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Sin duda uno de los placeres gastronómicos,
tanto para el cocinero como para el amante de los vinos, aficionados
o profesionales, es probar alianzas, en el primer caso de ingredientes
o de procesos, de vinos y comida en el segundo que, en el caso de
ser exitosa, producirá gran satisfacción y en caso contrario resignación
para reformularla o para desecharla, esto último condición imprescindible
para el cocinero profesional que no debe servir a un comensal algo
que no esté bien experimentado como para estar seguro de los resultados,
de otra manera no es verdadero profesionalismo.
Por supuesto que la experiencia ayuda en buena parte al éxito, pero
quizás la imaginación y tener una mente no encasillada, abierta
a nuevas experiencias, es la condición más propicia para alcanzar
éxito y al verdadero placer con más frecuencia, sin que esto no
signifique que cualquier alianza sea válida pues, la alianza perfecta
produce placer, de otra manera se llegará cuando más a que sea sólo
aceptable. En definitiva así se hace o se debe hacer siempre, los
resultados se sabrán al probarlos.
Lo anterior es todavía condición más exigente, pues en este caso
es prueba de honestidad, para el que escribe un libro de cocina,
las recetas que ofrezca deberán ser precisas y probadas tantas veces
como sea necesario para que sean exitosas desde la primera vez que
sean preparadas por un principiante o por un cocinero experimentado,
ya que va a poner su libro a la venta al público en general. El
usuario podrá agregar su experiencia, su gusto o sus costumbres
después de haberlas preparado, al menos la primera vez, de acuerdo
a las indicaciones.
Los comentarios anteriores me vienen a la mente precisamente por
la conformación del menú de esta entrega, en el cual tres de sus
platos se salen, exitosamente, de los cánones usuales: la Tarta
Tatin, la Pasta con Langosta y la Ensalada de Remolacha con Eneldo.
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La
Tarta Tatin, “Tarte Tatin” como es conocida universalmente o “Tarta
de las Hermanas Tatin”, que a principio del siglo XX tenían un Hotel-Restaurant
en Lamotte-Beuvron, pueblecito de la región de Orléans en el Valle
del Río Loire, en Francia y donde la Tarta Tatin era una especialidad.
La tarta es en realidad un pastel cocido “al revés”, es decir primero
se fríe el relleno, manzanas y, finalmente, todavía sobre la hornilla,
se cubre con una capa de pasta, para servirla “volteada”, “al derecho”,
con el relleno encima de la pasta. No hay duda que fue una prueba
exitosa, voluntaria o casual, del primero en prepararla y que por
primera vez fue servida en un restaurant en París en el Restaurant
Maxim´s del cual es una especialidad y del que recibió su carta
de nobleza.
Por otra parte, la Pasta con Langosta, un plato a mi juicio excelente,
que en principio sería rechazado por un italiano, para quienes la
alianza de un producto del mar con queso parmesano sería casi una
aberración. En mi caso no estaba encasillado en esa costumbre y
casi naturalmente me atreví a probarla con un resultado no sólo
satisfactorio sino, a mi juicio, una alianza perfecta.
La Ensalada de Remolacha con Eneldo, es otra combinación inusual,
pero que pensé podría ser exitosa como efectivamente lo fue con
creces y que abre una puerta para otras pruebas.
Armando Scannone
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