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Hay preparaciones alimenticias que parecen tener la magia como ingrediente
adicional en virtud de sus resultados casi milagrosos. Buenos ejemplos
son el Suflé, la pasta Hojaldre, la pasta Brioche y la pasta Filo
(Phylo) entre otras.
Resulta todavía más asombroso cuando se trata de preparaciones que
ya se hacían hace cientos de años cuando no se disponía de los elementos
que hoy nos facilitan el trabajo en la cocina y que aun así son
todavía de difícil ejecución.
Una de esas preparaciones, es la pasta filo (phylo), con la cual
se elabora el Strüdel y otros platos igualmente apetitosos. Ver
elaborarla es como un acto de circo que requiere una extraordinaria
destreza y experiencia.
En un cuarto completamente cerrado, sin corrientes de aire que es
lo peor para la pasta filo y a partir de una pasta muy blanda, tanto,
que se escapa entre los dedos si no se actúa con extrema rapidez,
hecha con harina de trigo, agua y sal, y dándole vueltas en el aire
sobre la cabeza, al mismo tiempo que la masa tiende a caer, se le
va estirando y agrandando de tamaño en el aire, y siempre imprimiéndole
movimientos circulares que le mantiene la forma aproximadamente
circular y cuando alcanza cierto tamaño y sin detenerse ni un momento
se extiende sobre una mesa acolchada y forrada de lona, de unos
2,40 x 2.40 metros y entonces, sin perder un segundo casi corriendo
alrededor de la mesa se le va halando suavemente por las orillas
hasta cubrir la mesa y asegurar la lámina de pasta filo, ya lista,
en los bordes de la mesa.
La
lámina, completamente transparente y tan delgada como una hoja de
papel, es inmediatamente cubierta con una manta seca de lona y así
se van amontonando sucesivamente las láminas una tras otra, cortándole
los bordes cada vez con un cuchillo una vez cubierta cada una con
lona, conservándolas cubiertas hasta
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que
con menos humedad llegue el momento de enrollar cada lámina
en una tabla del largo de la mesa y de unos 40 centímetros de ancho
para cortarla nuevamente por los bordes y, enrollada, en pedazos
de unos 40 centímetros de largo para obtener finalmente las láminas
de unos 40 x 40 centímetros que van a ser puestas a la venta dobladas
y en paquetes herméticamente sellados, que son mantenidos refrigerados
hasta que vayan a ser utilizados.
Se dice que la pasta filo propiamente, quizás a partir de la yufka,
una especie de pan sin levadura en Turquía y que hoy designa la
pasta filo en Turquía, se originó en las cocinas del Palacio Topkapi
en el tiempo que el Sultán Mehmet II conquistó a Constantinopla
pasando la ciudad a ser llamada Estambul, que impulsó mucho las
artes y la cultura incluyendo la cocina. Es curioso pero hay algo
de coreografía en la fabricación de la pasta filo, que recuerda
al baile de los derviches turcos de Anatolia.
Quizás la primera elaboración de la pasta filo fue el postre denominado
baclava que se hizo un símbolo de buena vida entre los turcos. A
mediados del siglo XVI el Sultán Solimán El Magnífico instituyó
una ceremonia llamada la procesión del baclava para premiar a los
guardias de su palacio los Jenizaros, que en grandes bandejas las
recibían y en gran procesión las llevaban al Palacio.
Cuando Solimán invadió Hungría, también fue la pasta filo con los
invasores, dando origen allí al famoso Strüdel, hoy conocido universalmente.
Para hacer la pasta filo se requiere una técnica difícil de aprender,
viendo hacerla a los mayores que la transmiten como herencia de
generación en generación e intentando muchas veces hacerla bajo
la mirada y la enseñanza de los mayores hasta lograr dominar la
técnica desde muy joven.
A.S
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