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No es mucho lo que se conoce sobre el origen de ese maravilloso
regalo de Italia al mundo, “la pasta”. Aunque algunos arqueólogos
creen haber visto en pinturas etruscas algo parecido a los tagliatelle
o la lasaña, se descarta esta teoría pues desaparecen rastros por
siglos y se sabe que los griegos y los romanos no conocieron la
pasta. Al mismo tiempo se dice que Marco Polo introdujo la pasta
a su regreso en 1295 de su viaje a oriente, en el cual hubiera conocido
algo parecido a la pasta que los chinos ya elaboraban en tiempo
de la dinastía Sing entre los siglos X y XII con harina de arroz.
Sin embargo hay constancia que antes, a mediados del siglo XIII,
el poeta Jacopone di Todi incluye la palabra lasagna en uno de sus
versos alrededor de 1250 y hay referencia a una cesta de pasta seca
denominada “macarroni” en 1297 en el inventario de un soldado genovés.
Se cree más bien que su origen en Italia se deba a influencia de
la invasión árabe, la que fue mayor en Sicilia y eran los sicilianos
los considerados especialistas de la pasta y en Bagdad fue encontrado
un recetario con una receta de pasta en tiras muy finas cocidas
en un ragú de carne, lentejas y garbanzos.
La pasta es un alimento muy versátil que se presenta en formas muy
diversas; fresca, seca, sólida o ahuecada, rellena o no y puede
prepararse en muy diversas formas; sopas, ensaladas, con salsa,
y puede prepararse o acompañar casi con cualquier otro alimento.
La pasta seca comenzó a fabricarse en Nápoles en el siglo XIX con
el proceso de secado de la pasta.
Se presenta en muchísimas formas, largas o cortas, finas o gruesas,
sólidas o con huecos y en muy diversas formas. Entre las largas,
desde muy finas: capellini, spaguetti, bucatini, barette, etc. dependiendo
de la forma de su sección transversal hasta las más gruesas: tagliatelle,
lasagnette, macheroni, hasta la más grande y plana, la lasaña.
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Entre las cortas, también muchas variantes: penne, rigatoni, farfalle,
fusile, eliche, conchigli, etc. Hay también las pastas coloreadas
o condimentadas con diferentes colores (espinacas, etc.) y las pastas
para rellenar: canelones, etc.
Las pastas alimenticias, son obtenidas de la mezcla de sémola de trigo
durum, que contiene más gluten o proteína, con agua o con huevo. La
pasta fresca, a la cual nos referimos en otra ocasión, la que se hace
domésticamente con la harina para todo proposito (all purpose flour)
o artesanalmente, puede ser hecha de sémola de trigo durum, de harina
de trigo duro o de la mezcla de ambas.
El uso de la sémola en la fabricación industrial de la pasta permite
que soporte mejor el cocimiento sin romperse, se mantenga más elástica
y tenga mejor aroma.
Las leyes italianas y los italianos son muy exigentes con las normas
que deben seguirse en la fabricación de la pasta a diferencia de la
Comunidad Europea, que en función de otras países acepta que eso no
sea tan importante, pero que los italianos consideran adulteraciones.
Las leyes italianas son muy específicas: el uso de sémola para la
fabricación; un mínimo de 4 huevos de gallina (200 gramos) para 1
kilo de sémola; las pastas deben ser expedidas en paquetes herméticamente
cerrados de 250 ó 500 gramos y de 1 kilogramo.
Son elementos muy importantes para la pasta seca industrial el método
de secado que debe ser gradual y puede durar, según el tipo de pasta,
de 40 a 80 horas, lo que antes era solo al sol, hoy se aceptan también
otros procedimientos. Es también importante que el material para el
trefilado sea bronce, que da a la pasta una superficie no completamente
lisa que permite que la salsa se adhiera mejor a la pasta, también
es esa la razón que haya iguales tipos de pasta pero lisos o rigate,
rallada. (Véanse consejos)
A.S
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