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Hasta ahora el corcho ha estado invariablemente unido al vino. Se
puede decir que ambos son interdependientes y que al vino se asocia
de modo absoluto el descorche de la botella. Aún más, podría decirse
que el placer del vino comienza con el descorche de la botella,
bien al hacerlo o verlo hacer a un experto sommelier.
El amante del vino goza descorchando "profesionalmente" con tirabuzón
una botella de vino o con maestría de mano una de champagne para
sus amigos y descorcharla correctamente es lo primero que debe aprender
un sommelier.
Sin embargo en los últimos años el uso del corcho natural ha comenzado
a ser cuestionado, especialmente por algunos productores, que ven
en el uso de tapones de plástico o de rosca un substituto más económico
del corcho natural. Se alega que el corcho natural tiene la posibilidad
de trasmitir el sabor de corcho al vino debido al TCA
(2, 4, 6 trichloroanisol), la molécula
responsable del temido moho que el corcho como producto natural
puede tener, lo que produce a veces el temido sabor a corcho en
el vino que, en los países con una cultura desarrollada del vino
lo hace imbebible y por lo tanto obliga a desecharlo, a cambiar
la botella en un restaurant.
Se trata entonces de encontrar un tapón de corcho que no tenga la
posibilidad de tener sabor a corcho. A tal efecto el grupo familiar
portugués Amorim, los más grandes
productores de corcho del mundo, estudian como obtenerlo desde hace
unos tres años y a través de investigaciones que llevan a cabo sus
propios investigadores y otros laboratorios públicos y privados
han logrado un proceso que designan con el código "Rosa"
que parece dirigirse por buen camino. Se trata de extraer los cuerpos
volátiles como el TCA de las
células del corcho gracias a un proceso de destilación por arrastre
a vapor que sería un procedimiento que se agregaría a las precauciones
ya utilizadas, proceso que ha tenido ya el visto bueno de cuatro
laboratorios independientes: francés, alemán, inglés y australiano.
Por otra parte el grupo Oeneo
busca lograr lo mismo por un proceso que ha sido denominado con
el código "Diamant" basado en
el método de descafeinado del café, llevando CO2 a un estado crítico
entre gaseoso y líquido que permite quitar del corcho ciertos compuestos
orgánicos entre los cuales se encuentran los que producen el gusto
a corcho.
Entretanto, se comienza a utilizar, tapones de plástico y de rosca,
especialmente en países productores de vino que no tienen corcho
como Nueva Zelandia, Australia, Estados Unidos, Chile y que deben
importar los tapones de corcho, preferiblemente en sus vinos corrientes
y que no sean de guardar sino para ser consumidos prontamente. Se
aduce la ventaja que tendrían de impedir el contacto del vino con
el oxígeno del aire, especialmente para los vinos blancos para los
que el oxígeno es el principal enemigo, aduciendo además que se
trata de un avance tecnológico Por otra parte en todas partes donde
el vino está asociado a técnicas inmutables para el embotellado,
aún en Francia donde el consumidor es el más exigente con respecto
al vino, se empieza a aceptar, al menos para vinos baratos, el uso
de tapones de aglomerado de corcho, a veces con una arandela de
corcho natural para estar en contacto con el vino, de plástico o
de rosca, aunque no parece que tanto los productores y consumidores
franceses vayan a aceptar algún día dichos tapones para sus vinos
de calidad y para los grandes vinos de guarda y que el placer de
usar el tirabuzón continuará con el tiempo. Amorim,
por su parte, con vista a sus mejoras en el corcho, recomienda a
sus compañeros de la industria del vino, los productores, ser mas
cuidadosos en la aplicación de buenas prácticas para la guarda y
conservación de los tapones de corcho.
A.S
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