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Una verdadera
exquisitez que nos ofrece el mar y que puede complacer al paladar
más exigente, pues basta cocinarla y sin más preparación
constituir un plato delicioso, aún para el gourmet más
crítico y severo.
Es un plato de lujo, no sólo por su calidad, sino por su precio,
que en Venezuela aumenta de temporada en temporada, no sólo
por la inflación, en nuestro caso, sino por su creciente escasez
en nuestros mares y por lo bien que se cotiza en los mercados internacionales
que hacen mejor oferta a los pescadores en el lugar de origen, donde
su existencia y su captura, ha disminuido muchísimo, debido
a la pesca indiscriminada y sin control, lo que, quizás, hará
que sea difícil si no imposible, la recuperación de
su población a los niveles de producción siquiera de
hace diez años, cuando su población ya estaba disminuida.
La langosta que era muy abundante en nuestra costa, hoy se encuentra
sólo en Los Roques, Los Testigos y en pocos sitios más
sin importancia por su escasa población.
Todavía peor el caso de la quigua y el botuto, otras delicadezas
de nuestros mares, hoy vedada su pesca por la dramática disminución
de su población.
Actualmente la temporada de pesca de la langosta dura unos cuatro
meses, entre fines de noviembre hasta fines de abril, debiendo descontarse
unas tres semanas entre diciembre y enero y en Semana Santa, cuando
no trabajan los pescadores.
Hasta hace algunos años era clásico decir que se "podía"
comer en los meses con R, que correspondían a la temporada
cuando su captura era permitida pues en esos meses su reproducción
es muy baja.
La langosta permite muchas y muy variadas preparaciones, frías
o calientes: hervida, a la parrilla, al vapor, en ensalada, en vinagreta,
en salpicón, en sopas y cremas como la célebre bisque
y en consomé, en aspic, en mousses, en
soufflés, en guisos.
Era muy célebre el guiso de langosta de Dorina en la Isla de
Margarita, preparado con tomate y otros condimentos y que al final
le agregaba salsa mayonesa.
También en croquetas, con salsas diversas, con crema,
con tomate, con estragón y otros condimentos, con pasta, con
arroz y en risotto, con caviar, con foje-grass, con otras carnes y
mariscos, como la paella y la zarzuela u ópera de mariscos,
etc. sin que en ningún caso disminuya o desmejore su exquisito
y característico sabor, al contrario, siempre puede ser una
exquisitez gastronómica.
Debe tenerse en cuenta que la carne, la parte comestible, es apenas
un tercio de su peso viva, por lo que si se va a servir sola o sólo
con alguna salsa, se necesitarán de dos a dos y medio kilo
de langosta viva para porciones medianas de cuatro personas.
De la langosta deben desecharse las agallas
o tejido esponjoso que tiene debajo de los ojos y el estómago
o saco blancuzco, ambos dentro de la cabeza y el intestino o tripa
negra a lo largo de la parte superior del cuerpo.
Debe comprarse viva, sin que le falten patas y sin deterioros.
La razón es que después de muerta, sin cocinar, comienza
a producir toxinas, que no representa ningún peligro para el
consumo en el transcurso de las primeras 12 horas conservadas en la
nevera.
Por esta razón se debe ser cuidadoso si se compra muerta, ya
que no siempre se puede conocer con certeza el tiempo que tiene en
ese estado.
Por eso al comprar la langosta, debe reaccionar moviendo la cola o
las patas, aún amarrada y al meterla en agua hirviendo, cuando
la langosta muere en pocos segundos y, se cree que con poco sufrimiento
debido a su poca capacidad para sentir.
La
carne de langosta contiene pocas calorías, 88 por cada 100
gramos, con un contenido alto de proteínas, 16,2 gramos por
100 gramos, rica en minerales aunque más bien poco sodio y
contenido medio de colesterol, 92 miligramos por cada 100 gramos.
La
langosta que consumimos en Venezuela, la langosta del Caribe, Panilurus
argus, es un crustáceo decadópodo caminador, aunque
puede nadar hacia atrás mediante movimientos
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fuertes de la cola, posee antenas largas
y está cubierta por una caparazón muy dura, con protuberancias
espinosas, por lo que es denominada "spiny
lobster" en inglés.
Está formada por tres segmentos: la cabeza, que no contiene
partes comestibles salvo el hígado o substancia verdosa (tomalley,
en inglés) muy apreciado para intensificar el sabor de las
salsas cuando se prepara la langosta; el cuerpo formado por segmentos
que contiene toda la carne o parte comestible (apenas un tercio del
peso de la langosta viva) y la cola, sin ningún uso culinario.
En el caso de las hembras, a veces tienen adherido a la parte inferior
del cuerpo el coral o hueva, también muy apreciado para intensificar
el sabor de la salsa.
La langosta del Caribe se encuentra desde Las Bahamas hasta el sur
del Brasil, incluyendo Florida, el Golfo de México y el Mar
Caribe.
Mucho ha intrigado a los científicos por sus migraciones en
forma de cadenas, pegadas unas a otras, que hacen en ciertas épocas
del año en la Florida y Las Bahamas, lo que
no se ha comprobado en nuestros mares.
El descubrimiento de esa cadena permitió a pescadores comerciales
inescrupulosos incrementar notablemente su captura mediante la interrupción
de la cadena. No sé si esa práctica ha sido totalmente
descontinuada.
Langostas parecidas, con antenas,
se encuentran en el oeste del Mar Mediterráneo, especialmente
en Cerdeña y Sicilia, llamada nostrana o mediterránea;
la roja o de Portugal, en la costa de la Mancha y mediterránea
y atlántica del Norte de Africa; la langosta verde o de Mauritania
en la costa occidental de Africa y la obscura del Cabo en Sudáfrica.
Llamada langouste en Francés,
aragosta en Italiano, spiny
lobster en inglés, es parienta lejana de la langosta
con pinzas, el bogavante (Homarus americanus
y Homarus vulgaris), que en vez de antenas tiene pinzas que caracterizan
a las de los mares fríos del Norte de Europa, de Estados Unidos
y de Canadá, es llamada astice
en Italia, lobster en Norteamérica
y hommard en Francia.
Es curioso que el hommard es preferida en Francia y la aragosta (con
antenas) en Italia.
Hay diferentes criterios en cuanto a esas preferencias.
Ambas son de carne muy blanca, muy fina, delicada y firme, que puede
ser cortada en rebanadas. Quizás la del norte tenga un sabor
más intenso y sea un poco más tierna, más jugosa
y ligeramente más dulzona, pero en todo caso ambas son igualmente
excelentes.
La langosta es una de las exquisiteces con la que no es difícil
complacer al paladar, ya que sola es deliciosa y basta cocinarla y
agregarle unas gotas de limón para satisfacer al gourmet más
exigente.
La contaminación y el descuido en la explotación de
éste recurso alimenticio, lo ha puesto cada día más
escaso y costoso y su estación de pesca, originalmente desde
septiembre hasta abril, se ha reducido prácticamente al tiempo
comprendido entre noviembre y marzo.
Esto es definitivamente, una forma de racionamiento impuesto a los
venezolanos, mientras algunos depredadores valiéndose de artimañas
y de la siempre complacencia alimentan otros mercados mediante la
pesca ilegal y el contrabando, sin que por ello obtengamos mayores
beneficios, ni siquiera divisas.
Por otra parte los meses de veda no son enteramente justificados por
principios conservacionistas de la especie sino también por
las necesidades económicas para su subsistencia de los pescadores
artesanos.
A.S |
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